MENTE DE EXPERTO Y MENTE DE PRINCIPANTE.
Cuando
nacimos e iniciamos el camino de la vida, nuestra actitud ante la misma era de
principiante.
Nos
abismábamos con el sol, las estrellas, el mar, la naturaleza, las palabras, la
sabiduría de los mayores y las maquinas
que iban apareciendo a nuestra vista.
Constantemente
tratábamos de conocer el mundo por nosotros mismos, queríamos entender
cualquier objeto que caía en nuestras manos, y una vez lo entendíamos a nuestra
manera, es decir, con mente de principiante, en no pocas ocasiones
desarrollábamos nuestra inventiva y aparecían juguetes imitando los conocidos o
elaborábamos nuestras propias creaciones dándoles otras funciones diferentes.
Un pedazo de
palo hizo de carro o de pistola y nos presto sus servicios como tal durante un
buen rato de juego, y una muñeca encarno a muchos seres de carne y hueso para
recibir la proyección de nuestros sentimientos y pensamientos, nuestra
creatividad estaba libre y dispuesta a incursionar en la vida que se nos
presentaba sin ningún temor.
Sin embargo
poco a poco, prácticamente sin darnos cuenta, nuestra mente se fue cerrando y
empezamos a abandonar esa actitud, no obstante lo cómoda que era; empezamos a
adquirir una “mente de experto” que definía, limitaba y prohibía; y la
actuación del niño que orquestado por sus propios sonidos recorría grandes
distancias conduciendo su vehículo hipotético, empezó a merecernos risas y
hasta un poco de compasión con quién de esa manera era victima de un
autoengaño.
Cuando
alguien inicia una nueva actividad (empleo, estudio, deporte) o enfrenta un
cambio de vida (matrimonio, separación, nueva vivienda) si no mantiene la
actitud de principiante, pronto llegara a sentir que cae en la monotonía y que
ello no le aporta nada nuevo. Fácilmente tendera a suspender lo que inicio con
tanto entusiasmo y múltiples expectativas para cambiarlo por una sensación de
fracaso e inestabilidad y fracaso.
Si un no
cristiano lee el PADRE NUESTRO por primera vez y lo hace con mente de
principiante, podrá percibir la inmensidad del mensaje y llenarse de un gozo
especial, si luego lo repite diariamente sin la misma actitud, le irá perdiendo
el sentido, terminara por volverse “experto” en el Padre Nuestro y ya nada le
dirá la oración.
Todos
estamos familiarizados con la frase de Sócrates: “Solo se que nada se”, la
primera vez la escuchamos con mente de principiante y no solo nos impresiono
sino que captamos el mensaje; luego, de tanto oírla le hemos perdido el sentido
original, simplemente entró en nuestro bagaje de EXPERTOS y la utilizamos
mecánicamente sin que remueva realmente nuestra sensibilidad. La verdad es que
esa frase encierra el verdadero sentido y la actitud de quien tiene Mente de
Principiante.
Este
concepto que en japonés se define por la sola palabra SHOSHIN significa dentro
de la practica Zen el compromiso de estar alerta a las circunstancias
especificas de cada instante, conocer la realidad que nos rodea en el sitio y
momento que estamos viviendo (el aquí y el ahora), y tomar de esa realidad los signos
que nos ofrece con generosidad, su aplicación empieza con el reconocimiento de
nuestra ignorancia, ese vacio a que se refieren los orientales y sin el cual es
imposible que haya espacio para el nuevo conocimiento que llega.
Una leyenda
Zen recoge de manera muy grafica este concepto: Un profesor sintió la inquietud
de conocer a un viejo maestro Zen, ampliamente reconocido por su sabiduría, y
decide visitarlo. El anciano lo recibe en el templo y lo instala en un cómodo
cojín, sobre una alfombra esplendorosamente blanca.
Le gusta el
Te? pregunta el viejo maestro ofreciéndole una taza al profesor, éste asiente con la cabeza mientras levanta la
taza. El maestro vierte en ella un fuerte chorro de te y el líquido sube rápidamente hasta llegar a unos dos centímetros
del borde de la taza y el profesor alza la mirada. El maestro continua
vertiendo el te, y el profesor suelta la taza mientras le dice: Que hace usted?
Se ha dado cuenta del daño que ha causado en mi ropa y en la alfombra?. El
maestro toma la taza de nuevo, la llena y se la ofrece al profesor diciéndole:
“Esta taza es como su mente, Usted no puede aprender porque ya esta lleno”.
Un maestro
Zen, Shunryu Suzuki, sostiene; “En la mente del principiante hay posibilidades infinitas; en
la del experto muy pocas”.
Es bien
clara pues, la diferencia:
ACTITUD DE PRINCIPIANTE: MENTE ABIERTA, LLENA
DE POSIBILIDADES, DISPUESTA A APRENDER, LIBRE DE PRECONCEPTOS. ACTITUD DE EXPERTO: MENTE LLENA DE
CONOCIMIENTOS, DEMASIADO OCUPADA EN SUS PROPIAS EXPERIENCIAS.
D I F E R E N C I A S
MENTE
PRINCIPIANTE
MENTE EXPERTO
Sentido de
observación
Tendencia a evaluar a priori
Gran
imaginación Imaginación frenada por la
experiencia
Curiosidad Lo conocido prima sobre lo nuevo
Inquietud
por mejorar La seguridad del conocimiento niega
la
necesidad
del cambio.
Receptivo al
exterior Solo su experiencia es valedera
Pide y
recibe opiniones Poco receptivo a otras posiciones.
Piensa que
puede aprender de todos Piensa que son pocos los que pueden
Enseñarle.
Inquietud
sistemática Dicta sentencia de sabiduría: mas
vale viejo conocido que nuevo
por
conocer.
Dispuesto a
escuchar Dispuesto a sentar cátedra
Analiza cada
situación Encasillado en marcos de referencia
Solo se que
nada se Es mucho lo que he estudiado y
Aprendido.
“DE LA ESTERILIDAD DE LA CONVICCIÓN A LA FECUNDIDAD DE LA DUDA”
Fred Max Neef.
me párese muy bn tener mente de principiante por que asi
ResponderEliminara pendo mas de lo que se